Retos para crecer

Lourdes Sabio es la mamá de Montse, quien tiene 42 años. La discapacidad intelectual de su hija ha representado un gran reto que Lourdes y su familia han enfrentado juntos. Cada desafío les ha permitido crecer más. Actualmente, su hija es una mujer independiente, que trabaja y vive en un departamento con una persona que la asiste.

¿Cómo lograste traducir las dificultades de criar una hija con discapacidad en fortalezas?

Cuando se me presenta un problema, lo asumo y lo afronto. Soy hija de padres divorciados. Viví desde los dos años con mis abuelos y eso me marcó para ser la persona que soy: una mujer fuerte que sale adelante y pelea por los suyos.

Cuando nació Montse, un doctor me dijo que no había nada que hacer y que ya no tuviera más niños. Yo no le hice caso. Después de ella tuve otros tres hijos, que son mis grandes amores y mi motor de vida. Ellos son mi fortaleza para actuar.

¿Cómo fue el desarrollo de Montse desde el inicio?

A los dos años, no caminaba ni hablaba. Trabajamos mucho con ella en terapias físicas. La pude meter en escuela regular y cada dos años tenía que repetir el grado.

Conocí a la Dra. Julieta Zacarías, quien tenía un grupo de chicos con discapacidad dentro del colegio Franco Español. Montse entró con ella, y más adelante, mi marido y yo -entre otros- fundamos CAPYS: Centro de Adiestramiento Personal y Social.

El objetivo era trabajar con Montse y otros chicos como ella, para darles las herramientas de una vida independiente. Más adelante entró a trabajar en la panadería Trico y se independizó de nosotros, yéndose a vivir a un departamento con una monitora. Más adelante, decidimos encargarnos personalmente del programa de vida independiente de Montse.

¿Te has sentido vulnerable?

Empecé a sentirme vulnerable desde que Montse se fue a vivir de manera independiente. Ya no puedo decidir por ella y no es fácil guiarla. Defiende su independencia sobre todas las cosas. A veces la confronto, pero no le importa.

De todos mis hijos, es a la que más respeto y admiro, pero también a la que regaño y corrijo. Ella es la que está más cerca de mí, es mi ‘lapa’. Tengo mucho miedo de morirme, porque sé que Montse va a sufrir mucho por ello. Cuando salgo de viaje y me voy por períodos largos, sobrevive, pero empieza a hacer cosas que me parecen peligrosas.

¿Te importa cómo te miran los demás?

No, al contrario, me da mucho orgullo salir con ella y ver lo bien que socializa. Si yo no estoy, hace todo por sí misma, pero si estoy no se separa de mí y actúa de manera aniñada. Cuando está con alguien más, es una persona profunda y adulta que da buenos consejos.

¿Te sientes sola?

A veces me he llegado a sentir muy sola. Soy la responsable principal de Montse. Mi familia es unida, mis hijos y mi marido ayudan y se involucran con ella. Pero la cotidianidad con Montse, el 99% de las veces es trabajo mío. Y aunque su papá apoya, soy yo la que asume el compromiso de sacarla adelante.

¿Qué te mueve a actuar como lo haces?

El amor. Tengo ‘hijitis’ por mis cuatro hijos. Cuando hay amor, no te queda de otra, ellos lo sienten y responden a ese sentimiento. Lo más importante en una madre es dar grandes dosis de cariño.

¿Cuál es la mayor dificultad que has vivido con Montse?

He tenido algunas experiencias especialmente difíciles. Hace nueve años, se enamoró de un muchacho que también tiene discapacidad intelectual; cuando tomaron la decisión de casarse los apoyamos. Pero después de un tiempo de vivir juntos, nos dimos cuenta de que el trataba muy mal a Montse y le pegaba.

Lourdes platica que fue muy difícil para Montse reconocer que su marido no iba a cambiar y que debían separarse. Todos en su familia, la apoyaron en el difícil proceso y tuvieron que hacer muchos cambios en su vida para lograr la separación. Volvió a vivir un tiempo con su familia, se cambió de trabajo, y recibió mucho apoyo psicológico para poder superarlo. En la actualidad sigue asistiendo a sus terapias psicológicas.

¿Qué le dirías a otros padres?

Que si tienen un hijo con discapacidad, no vean la discapacidad. Que lo vean más allá de eso. Es un hijo como cualquier otro, que tiene una diferencia, sí, pero que se debe tratar igual que los otros hijos. Cada uno de mis hijos, son diferentes entre si, y eso los hace únicos e irrepetibles.

La discapacidad de un hijo es una diferencia que hay que asumir. El tiempo ayuda a que te acostumbres, y después recibirán muchas alegrías.

Montse, aún hoy, a sus 42 años, me da alegrías cada día. Los padres de hijos con discapacidad debemos luchar todos los días, sin embargo lo mejor es que ellos te dan siempre más de lo que esperas. Denles amor, amor y más amor.

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