La importancia de la accesibilidad y el diseño universal en la ciudad

El sábado pasado, nos fuimos desde temprano mi marido y yo, junto con nuestra hija María, que al no poder caminar por sí sola usa silla de ruedas, al Palacio de Bellas Artes a la exposición de Vanguardias Rusos.

Nos dirigimos al estacionamiento subterráneo ubicado a un costado de Bellas Artes, en los lugares marcados para sillas de ruedas. Pero nos tuvimos que cambiar de lugar, ya que estaba tan justo el espacio que no podíamos sacar la silla ni tampoco ayudar a María a bajarse del coche.

Finalmente logramos bajarla del coche, pero con la sorpresa de que no hay elevador para salir a la calle, por lo que un policía amablemente, nos ayudó a sacarla por la entrada de coches, parando el tráfico que había para entrar.

Llegamos a la entrada principal de Bellas Artes, y mientras Enrique compraba los boletos y averiguaba la manera de entrar al primer piso donde está la exposición, nos quedamos afuera. Se nos acercó un policía que estaba en la entrada y comentó que, para poder ingresar con silla de ruedas, teníamos que darle la vuelta al edificio porque: “Otra vez se nos descompuso el elevador, y no hay para cuando que vengan a arreglarlo”. Y me señaló a unos hombres trajeados que estaban adentro: “Vaya usted con ese señor de en medio, es el mero jefe de seguridad para que los apoyen”. Bien obediente, me acerqué al señor, le comenté nuestro deseo e imposibilidad de subir al primer piso y nos dirigió como bien me lo había explicado el poli, a un costado del edificio, donde ya nos estaban esperando para subirnos por el elevador del teatro. Al llegar al primer piso, abrió una puerta con su llave, y ya estábamos al inicio de la exhibición. Ésta continuaba en el segundo piso, por lo que se nos hizo fácil acercarnos con un guardia de seguridad para que nos indicara dónde estaba el elevador para subir. “No señora, me contestó, ya no hay elevador que suba al segundo piso, porque el nuestro está descompuesto” “Y entonces, ¿cómo le vamos a hacer para subir a María con todo y silla de ruedas los más de cuarenta escalones? Podría pedirle a su supervisor que nos mande apoyo para que nos ayuden a subirla?”, “Mire, me dijo en quedito, ¿ve la señora que está allá sentada? No le diga que yo le dije, pero ella la puede ayudar porque es la que nos controla en este piso.” Pues claro que me acerqué a ella, le pedí ayuda y se negó rotundamente.

Ya para esos momentos, estaba bastante molesta con toda la situación, pensando que nos teníamos que regresar sin acabar de ver la exhibición.

Mientras tanto, estábamos al pie de las escaleras, viendo como subía la gente, a ver si pescábamos a almas misericordiosas que nos ayudaran. Gracias a que se acercó una pareja de conocidos nuestros, pudimos subir a María. Y al acabar de verla, ya estaban esperándonos para auxiliarnos.

María sabe que siempre participa en nuestras salidas de familia, y que encontramos la manera de sortear las dificultades. Antes, yo podía sola con ella, pero ya es una persona adulta que sí puedo llevarla en la silla de ruedas, pero no puedo sortear los baches, las subidas y bajadas, la inclinación tan peligrosa de las rampas, por lo que tengo que buscar apoyo con alguien más.

México, ha avanzado bastante en accesibilidad pero todavía le falta muchísimo. No me queda claro, que una señora embarazada en los primeros meses tenga derecho a estacionarse en los pocos cajones marcados para personas con discapacidad, y si le pides que se mueva porque traes a una persona en silla de ruedas, se molesta e insulta. Tenemos coche con placa de discapacitado, y si no traemos a María en el coche nunca nos estacionamos en los lugares marcados para ellos. Nosotros que podríamos hacer uso de ellos, no lo hacemos porque sabemos que habrá quien lo necesite.

Lo bueno es que siempre hemos encontrado en nuestro camino, personas maravillosas que se desviven por ayudarnos y apoyarnos en lo que necesitemos, pero es obligación de nuestro gobierno hacer de nuestro entorno un entorno accesible, con diseño universal, en donde cualquier persona, ya sea en silla de ruedas, de baja talla, ciega, o sin problemas físicos pueda circular sin necesidad de solicitar ayuda. Y también es obligación de las empresas, que sus rampas estén bien diseñadas, con buena pendiente y que no terminen en un obstáculo; que los elevadores sean lo suficientemente amplios para que quepamos, y no tengamos que hacer malabarismos para que quepa la silla y un acompañante, etc.

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