Trabajo, una meta compartida.

El trabajo es el espacio donde los adultos nos relacionamos para realizar proyectos en común, aportando cada quien sus habilidades y destrezas; allí transformamos y producimos objetos; diseñamos y generamos servicios, aportando nuestros conocimientos y nuestra labor.

La meta que mejor concreta las esperanzas de que cada persona con discapacidad intelectual llegue a una situación de plena inclusión es imaginarlos trabajando en algo que disfrutan, porque lo hacen bien; conscientes de la utilidad y el sentido de su esfuerzo. Un lugar donde se sientan aceptados, valorados, estimados. Un ámbito de relaciones solidarias en el que reciban el reconocimiento y el salario justo que les permita vivir con dignidad e independencia.

La construcción de esta utopía se fragua al interior de cada familia que les enseña a estos jóvenes, desde muy pequeños, cada una de las habilidades y destrezas físicas, cognitivas y sociales que necesitaran para que, un día, su inserción laboral sea un éxito.

El proceso continúa en la escuela y en los centros de capacitación laboral, donde día a día se enseña y se aprende con paciencia y objetivos claros.

El esfuerzo también debe darse al interior de cada empresa que se compromete a abrir une espacio para ellos, pues no es un asunto sólo de buena voluntad, exige mucho trabajo: realizar un buen análisis de las tareas que cada uno puede llevar a cabo; asegurar los apoyos que cada persona requiere; planear una supervisión que de seguridad y favorezca su iniciativa. Esto exige compromiso con la inclusión y pleno convencimiento de que el esfuerzo del equipo generará un ambiente de acogida y un espacio de crecimiento para todos los trabajadores, tengan o no discapacidad.

Finalmente, la inserción laboral se va construyendo al interior de cada compañero que depone sus prejuicios, que se abre a una forma de ser distinta, que acepta un ritmo diferente, y está dispuesto a dar los apoyos que el otro necesita para ser parte de este nosotros cotidiano que se teje en el trabajo.

Todos los que participamos necesitamos tener metas claras que nos permitan medir nuestro avance. Las metas sin embargo, son sólo una herramienta.

Los pilotos de avión requieren de una ruta específica trazada para cada viaje, pero el trabajo más importante es el de vigilar que no haya desviaciones por el camino.

La desviación, ellos lo saben muy bien, es una constante. Su delicada misión consiste en hacer, cuantas veces sea necesario, los ajustes indispensables para retomar la vía. Si se desaniman y se abandonan cuando descubren la desviación, nunca llegarán a su destino.

Cada vez que un avión aterriza en el punto exacto que se había planeado es porque el piloto tenía una meta realista y porque hizo el meticuloso esfuerzo de alinear y volver a alinear la nave, todas las veces que fue necesario.

Así también, las personas con discapacidad y sus aliados que comparten el compromiso de la inclusión laboral han de tener metas realistas y dar seguimiento puntual en cada paso para que no haya desviaciones que impidan que su inserción sea un éxito.

Referencias y palabras clave
CONAPRED. Guía para la incorporación laboral de personas con discapacidad.
http://www.conapred.org.mx/documentos_cedoc/ADECCO_GUIA_inclusion_laboral.pdf
Miguel Angel Verdugo y Borja Jordán de Urríes (coordinadores) Hacia la integración plena mediante el empleo. http://campus.usal.es/~inico/newsletter/actasempleo.pdf

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