La familia habla

Vida Independiente y formación laboral, despliegan las alas de Personas con Discapacidad Intelectual

viernes, julio 21, 2017


Por Claudia Trujillo


Mi nombre es Claudia y soy la mamá de Jimena Valenzuela Trujillo, segunda de tres hijos. Jimena fue deseada y nunca imaginamos cuán grandes podrían ser todas las circunstancias inesperadas y lecciones que debíamos aprender con ella. Debido a un asalto, nació a los 5 meses de embarazo, exactamente a las 28 semanas.

 

Aun con complicaciones, todo iba saliendo bien para ella, hasta que una negligencia médica por falta de oxígeno le generó Parálisis Cerebral Infantil primer grado, con paraplejía y una pequeña limitante intelectual.

 

Jimena se caracterizó por su dulzura, fe, esperanza y absoluta confianza de las decisiones que la familia tomara para ella. Fue motivada y valorada por sus hermanos, lo cual le daba una sensación de seguridad y poder para atravesar cada tormenta de cirugías, escuelas, retos y bullying. Una realidad no siempre dulce.

 

Nos tocó ser parte de una generación que inició espacios, conceptos, caminos, valores y derechos, para nuestros hijos con algún tipo de discapacidad, y en nuestro país no fue una búsqueda fácil, así es que nos la jugamos combinando educación especial y regular para proveerle el mejor equilibrio posible.

 

Al paso del tiempo, Jime creció y las necesidades cambiaron, dejó de ser niña, entonces mis hijos Rodo y Lore nos reunimos para tratar de planificar cuales podrían ser los siguientes caminos formativos para que tuviera una inserción social, laboral y de vida.

Comenzó la búsqueda en varias asociaciones que tuvieran formación laboral para Personas con Discapacidad Intelectual (PcDI). Encontré espacios e instituciones donde lamentablemente se percibía el abandono y conformismo. Hasta que llegamos a La Casita de San Ángel, que tiene una propuesta de formación e inclusión laboral y social. Su entrada fue amable y motivadora, sin embargo, a Jime le costó entender que debíamos dar nuevos pasos acordes a su edad y tomar decisiones.

 

Paralelamente, surgía otra interrogante ¿qué pasará después? ya no es una niña, habrá que proveerle un lugar propicio a sus necesidades de evolucionar, conciencia de una vida con propósitos y responsabilidades. Más aún —dijeron mis hijos: — “para que tu realices tu vida en vida y también cuando te toque partir, nosotros veamos por ella y por los nuestros”.

 

Leí artículos por Internet acerca de la Fundación Inclúyeme, hice una cita y su recibimiento, respuesta y acompañamiento fueron claras, reales y propositivas. Lo que nos reforzó la esperanza de una vida con calidad, dignidad y respeto para Jime, que ya en ese momento tenía 20 años.
 

La evolución de Jime entre Casita e Inclúyeme, sin duda ha sido favorecedora, evolutiva y sana, no sólo para ella, sino también para el resto de la familia. Hemos sido guiados por profesionales de cada ramo de estas instituciones, quienes nos asesoran, preparan y escuchan en juntas mensuales.

 

Hace casi un año que mi hija comenzó a vivir de manera independiente en un departamento con roomies y una monitora que la guía en este proceso de autonomía. Lo que conlleva un corte de cordón umbilical, nuevas responsabilidades, convivencia y cumplimiento de acuerdos.

En este tiempo he notado que Jime tiene una mayor autoestima, al igual que sus hermanos se siente parte de una fuerza de poder generadora. El apoyo de Inclúyeme y Casita ha sido vitales para la transformación de Jime como una joven adulta que, a su ritmo personal, se arriesga, es osada, ha aprendido a solucionar situaciones que se salen de nuestra prevención y resuelve, sin paralizarse.

 

Hoy siguen trabajando por distinguir sus habilidades y aptitudes, y reforzando y empoderando sus zonas no tan fuertes, para impulsarla a un trabajo más emprendedor y motivante de acuerdo con su personalidad.

En Vida Independiente de Inclúyeme se trabaja con autodeterminación, habilidades sociales, responsabilidades diarias, acuerdos, seguridad, control de tiempo y de manejo monetario.

 

A sus casi 23 años y con algunas limitantes, grandes capacidades, dones, cirugías, rehabilitaciones y afortunado encuentro e inversión a estas agrupaciones, solo puedo estar agradecida y comprometida a seguir arando por todos los que las conformamos y por abrir nuevos caminos, dentro de mis posibilidades, para una mejor y mayor calidad de vida familiar, social e individual de todos.

 

Gracias de todo corazón. 








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