Aceptarlos en la comunidad es aceptarlos como iguales

Hablar de cómo se desenvuelve una persona con discapacidad intelectual (PcDI) en la comunidad, me hace pensar en las dos situaciones más comunes que he percibido cuando me encuentro en diferentes lugares o situaciones así: La primera, es aquella en donde la gente no sabe cómo reaccionar, evadiendo o evitando el contacto directo con la persona debido a su condición. La segunda, es cuando la ayuda llega a ser de una forma excesiva, intentando resolver cualquier situación que consideran difícil para ellos, sin permitirle hacerlo por sí misma.

En ambas situaciones considero que, se tiene la idea que no son capaces de desenvolverse en la sociedad o comunidad. Esto propicia que pierda autonomía y por consecuencia, se vea disminuido su proceso de independencia. Uno de los objetivos del Programa de Vida Independiente dentro del departamento de Fundación Inclúyeme, es que los inquilinos desarrollen habilidades en diferentes situaciones y contextos, específicamente hablando de comunidad, buscamos la inclusión en todos los ámbitos sociales que integran el día con día del individuo.

Para lograr una inserción en la comunidad, se trabaja en la interacción entre pares, promoviendo el respeto, la ayuda y la cooperación de actividades cotidianas dentro su departamento. Teniendo como resultado una adaptación entre personas con diferentes formas de pensar, gustos, ideas, etc. En lo personal, es gratificante ver como el apoyo que se dan entre ellos (los cinco inquilinos del departamento en donde soy Facilitador) les permite tener seguridad y confianza, de igual forma notar que aunque tengan diferentes formas de pensar o de ver las cosas, pueden adaptarse en conjunto por un bien común.

El que una PcDI sienta que ls demás lo tratamos sin anteponer la discapacidad, es un aliciente para realizar cualquier tipo de actividad sin sentirse menos o diferentes. Ya que les dan la oportunidad de desenvolverse a su tiempo y en su forma de ser. En el lugar donde vivimos, es increíble ver como las personas que son nuestros vecinos han hecho un cambio de conducta desde que tienen contacto con ellos, recuerdo cuando al principio nos veían sin quitarnos la vista de encima, tal vez preguntándose ¿qué hacen aquí? ¿Quién está con ellos para ayudarlos?

O incluso, nos veían de reojo simulando que no estábamos ahí. Al verlos constantemente en los mismos espacios, la relación y percepción que tienen de ellos han cambiado, ya que desde existe mayor interacción los toman más en cuenta y platican con ellos ya no los ignoran. Armando Barrera Fernández, entrenador del gimnasio donde vivimos, me comentó en una charla que: “al inicio, cuando empecé a tener contacto ellos, traté de darles más atención de la que pongo con otras personas, pero pienso que al hacer eso les haces un daño porque no los dejas valerse por sí mismo y les provocas inseguridad”.

“He aprendido que tienes que enseñarles para que aprendan y lo hagan ellos solos. En relación con sus vecinos he notado que los residentes han cambiado en su forma de verlos, ya tienen más cercanía con ellos, les hacen la plática, los motivan a hacer su entrenamiento, los saludan, etc., algo que no pasaba antes y es algo muy positivo porque todos somos iguales, tenemos diferentes formas de pensar y diferentes habilidades, pero todos somos iguales”, me compartió con un gesto convencido.

En el constante trabajo de la inclusión en la comunidad, realizando actividades de la vida cotidiana como ir al gimnasio, ir al supermercado, salidas recreativas, me encuentro con diferentes reacciones en la gente, algunas con mensajes positivos como: “felicidades por el gran trabajo que realizas con ellos”; aunque otras actitudes negativas como ignorarnos y evitando tener contacto con nosotros, razón por la que también se trabaja en la autoestima, la tolerancia y el respeto a las demás personas, ya que ellos se sienten diferentes por estas actitudes.

Valerio, usuario de la fundación, comenta su experiencia: “son pocas las personas que me entienden, como yo tengo Síndrome de Down me ven diferente y también me tratan diferente, a mí me gusta cuando la gente me trata bien». Daniel, también inquilino del departamento me confía que en el año que lleva viviendo en el departamento, cuando recién llegó, a las personas les era muy fácil voltear la cara para otro lado pero «con el paso del tiempo esa gente ha compartido con nosotros diferentes momentos que nos ayudan a involucrarnos a la sociedad». Particularmente considero que la actitud positiva hacia los inquilinos reside en la convivencia y relación constante desde que estamos aquí.

Los cambios logrados han sido en ambas vertientes, tanto en la sociedad y como en las PcDI: Los inquilinos han logrado ser más independientes y demostrado que pueden hacer las mismas cosas que cualquier otra. Y la sociedad ha modificado su perspectiva hacia ellos incluyéndolos en la comunidad y aceptándolos como iguales. Estoy seguro que mantener el contacto constante con la sociedad en diferentes espacios, mejora la perspectiva que se tiene, así como de los que trabajamos con ellos. Esta nueva mirada les brinda seguridad y confianza, lo que permite un mejor desarrollo en habilidades sociales y en resolución de problemas, favoreciendo su autonomía e independencia.

* Facilitador del Programa de Vida Independiente de Fundación Inclúyeme

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