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Impulsar la inclusión y la accesibilidad para personas con discapacidad es uno de los principales retos

viernes, agosto 31, 2018

Por: Atene Durán González

“Conóceme por mis habilidades, no por mis discapacidades.”

Robert M. Hensel

 

Frida Kahlo (pintora), John Nash (matemático), Stephen Hawking (físico, astrofísico, cosmólogo), Nick Vujicic (actor), Andrea Bocelli (tenor, músico, escritor y productor) y Alex Zanardi (corredor de autos) son algunos de los ejemplos de personas que han dejado huella en sus respectivos campos y lo han hecho viviendo con algún tipo de discapacidad. Es claro que sus vidas han sido extraordinarias, pero no por ello son, como se dice coloquialmente, la excepción a la regla.


Existen miles de personas con discapacidad en el mundo, que esperan alcanzar sus metas, desarrollarse profesionalmente y contar con un empleo digno. Personas con talento, capacidad y aspiraciones, con mucho que aportar, si se les da la oportunidad, más propiamente dicho, si se les respetan sus derechos humanos, para vivir sin discriminación.


En México tres de cada diez personas con discapacidad tienen empleo y solo el 1% cuenta con contrato y prestaciones de ley. De la población con discapacidad, 46.5% son hombres y 53.5% son mujeres, que con frecuencia enfrentan una doble discriminación, por su discapacidad y por condición de género.


En este contexto y desde hace ya varias décadas ha habido un cambio de paradigma en la forma en que, desde el espacio de las políticas públicas se conceptualiza la discapacidad y a las personas que viven con ella. Ha dejado de ser un tema asistencial y privado, para convertirse en un asunto en el que el Estado, como garante de los derechos humanos, entre ellos, el del trabajo, ha impulsado políticas, reformas legislativas (LFT) y programas que, alineados al marco internacional de la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con Discapacidad, buscan revertir su situación de vulnerabilidad.


Entre estos mecanismos se encuentra, por ejemplo, el Distintivo Incluyente “Gilberto Rincón Gallardo”, que reconoce a los centros de trabajo que implementan y operan políticas laborales incluyentes, igualitarias y equitativas, para las y los trabajadores con alguna discapacidad, sus familias y la sociedad en su conjunto. Hasta febrero de 2018, 2,479 centros de trabajo se han certificado, beneficiando a cerca de 739,729 personas.



Otra buena práctica que se va consolidando es la Norma NMX-R-025_SCFI-2015, en la que uno de sus requisitos aborda específicamente el tema de la accesibilidad, para favorecer el acceso de personas con discapacidad al empleo digno.


Entre las razones por las que muchas empresas no se suman a este tipo de iniciativas tiene que ver con algunos mitos sobre la pertinencia de contratar personas con discapacidad, su impacto en la productividad y los costos en materia de prestaciones y seguridad social, así como prejuicios y discriminación hacia esa población.

 

Otra razón es el desconocimiento sobre lo que implica la accesibilidad en los centros de trabajo; el tener que hacer modificaciones a su infraestructura o generar gastos adicionales en la compra de mobiliario, equipo o tecnologías de la información.


Para tener un panorama más amplio existen algunas herramientas útiles, como las que ofrecen la Guía de Accesibilidad de AESPLA, de la Asociación Española de Servicios de Prevención Laboral; la Norma UNE 170.001- 1/2007 Criterios DALCO; la certificación de Accesibilidad Universal de AENOR o la NMX-R-025-SCFI-2015 en igualdad laboral y no discriminación, que pueden ayudarles a conocer más al respecto y también a determinar los ajustes razonables para planificar en el mediano y largo plazo, las modificaciones que pueden hacer, sin que ello implique grandes erogaciones, en un periodo corto de tiempo.


Para las empresas con responsabilidad social corporativa es claro que favorecer la accesibilidad, es decir, que sus políticas internas, instalaciones y áreas, su mobiliario, maquinaria o equipo y tecnologías de la información, les permiten crear espacios laborales inclusivos para captar el talento, contratar y mantener a trabajadores y trabajadoras con discapacidad.

El personal con estas características puede desempeñar sus funciones sin ninguna limitante y evidentemente, mantener un elevado sentido de compromiso con su trabajo, una mayor productividad y enriquecer el capital humano de la empresa, con su talento y creatividad.



Del mismo modo, favorece una menor imagen social corporativa y que sus clientes, entre los que se encuentran personas con discapacidad y sus familias, generen una lealtad y preferencia hacia sus marcas, servicios o productos, logrando un mayor posicionamiento en el mercado.


Algunos ejemplos de éxito nos los dan las empresas como la Fundación GMP y Fundación Mapfre, que cuenta con la aplicación móvil Soy Cappaz, que promueve la vida independiente y facilita la inserción laboral de las personas con discapacidad intelectual. La App ha recibido varios reconocimientos y ya está disponible en más de 20 países.


También se encuentran Etiquetas Impresas Etipres, Pizza Hut, Taco Bell, Coopesuperación en Accesibilidad en el Espacio Físico; BAC Credomatic, Boston Scientific, Coopesuperación, Corporación Megasuper, Etiquetas Impresas Etipres, SCOSA, BAC Credomatic y el Instituto Tecnológico de Costa Rica en Productos Accesibles.


En México están, entre muchas otras, AdeA México S.A. de C.V., AT&T Cae Tid Parque Toreo, Cadena Comercial Oxxo S.A. de C.V., y Corporación en Servicios Integrales de Asesoría Profesional S.A de C.V, que cuentan con el Distintivo Incluyente “Gilberto Rincón Gallardo”.

 

Atene Durán es Maestra en Estudios de la Mujer, y Psicóloga Social por la Universidad Autónoma Metropolitana.

**Articulo vía el portal Expok, replicado por Fundación Inclúyeme con permiso de la autora.

Con voz propia

Pequeña crónica de vida

viernes, septiembre 21, 2018


Por: Alexa Castillo Najera Zaliv

Me llamo Alexa Castillo, tengo 28 años y mi historia inicia un martes de abril. Regresaba de Acapulco después de haber pasado semana santa. De ese viaje recuerdo cómo el sol brillaba con toda su intensidad y el mar se veía espectacular. Me encontraba en la playa del Princess junto con mis amigos, estábamos bailando, cantando y divirtiéndonos mucho, el calor era abrumador.


Tenía 18 años, era modelo y me sentía realmente grande, trabajaba como directora de imagen en un antro. La vida para mí era maravillosa. Tenía todo lo que una chica de mi edad podría desear: belleza, dinero propio y popularidad. Me sentía en la cima del mundo.


Puedo cerrar los ojos y sentir la arena tibia en mis pies. Camino y me acerco a la orilla del mar. Percibo vivamente el cosquilleo que produce el roce de la espuma del agua en los dedos de mis pies. Mis piernas son fuertes, hábiles. Mi cabello vuela con la brisa del mar y siento…


Pero al abrir los ojos ese maravilloso recuerdo se esfuma como las olas del mar. Estuve cinco meses internada en diversos hospitales, me caí de un cuarto piso y no podré volver a caminar. Ya no tengo control en las piernas ni los pies, y sé que ese viaje a la playa será la última vez que sentiré la arena en mis pies.


Me caí de ocho metros de altura. Me fracturé la columna a la altura de la lumbar 1 (L1). La explosión de la vértebra causo un impacto en la médula ya que una de las esquirlas se me incrustó en ella, causando presión y un fuerte hematoma. Mi diagnóstico fue lesión medular completa, uso de corsé ortopédico diario. Se suponía que jamás recuperaría la fuerza de mi tronco y mucho menos de la parte baja de mi cuerpo.


En el momento en que me encontraba tirada en el suelo después de la caída, solo tenía una pregunta en mi mente: ¿Podré volver a caminar?


La primera cirugía fue para colocarme unas barras de titanio junto con unos tornillos para así fijarme la columna. Fue un éxito, todo salió como debería. Para ese entonces mis venas estaban ya muy sensibles y le sugerimos al doctor que me colocara un catéter, cosa que rechazó.


La segunda intervención, era para hacerme el injerto de cresta iliaca para reconstruir la vértebra. Eso salió bien, pero al entrar otra vez para descomprimir la médula con el afán de que se desinflamara, lo hicieron mal. No alcanzaron a entrar lo suficiente, cortaron el tubo torácico ocasionándome una fuga grandísima de una sustancia llamada “quilo”, encargada de llevar todos los nutrientes.


Gracias a esto perdí 13 kilos en una semana. Esto lo solucionó una sonda, días después, junto con una alimentación basta. Proceso sumamente doloroso y prolongado, eso de meter una sonda en la piel sin anestesia no es nada recomendable, ya que es sumamente doloroso y tardado. Duró aproximadamente una hora, pero cumplió con su cometido y drenó la fuga ayudando a mi cuerpo a que cicatrizara por dentro.


En la cirugía, también cortaron una arteria, causándome un choque hipovolémico lo que llevó a mi cuerpo a morir por la pérdida de sangre. Sólo minuto y medio, pero estoy segura de que el doctor se arrepintió de no seguir el consejo del catéter…



A los tres meses, aproximadamente, empecé a notar movimiento en los cuadriceps, a lo que los médicos llamaban “movimientos involuntarios”. Seguí mandando órdenes hacia mis piernas, y cuando cumplí cinco meses aproximadamente, ya podía mantenerlas dobladas sin que se abrieran y cayeran. La recuperación ha sido lenta. Lo que siguió fue muy doloroso, cansado y frustrante, como lo es en estos casos. El apoyo de mi gente cercana lo hizo mucho más gratificante. En especial, el de mi madre, que siempre ha sido el pilar más fuerte en mi vida junto con mi abuela, que es mi base.


Los ejercicios para fortalecer mi abdomen fueron el siguiente paso, todo, para poder mantenerme sentada. Tareas simples aparentemente como bañarme, ponerme crema, calcetines y vestirme, fueron los primeros logros más agradecidos. Poco a poco fui recobrando mi intimidad. De los médicos sólo recibía opiniones pesimistas y nada de apoyo.


Otra cosa que recuperé fue mi trabajo en antros en relaciones públicas, ya que el resultado era el mismo, caminara o rodara mis amigos seguían conmigo. Mi relación con los gerentes de los antros seguía intacta y mi trabajo era el mismo de antes, ser social e invitar gente.


Estuve tres años en silla de ruedas, pero mi lucha apenas empezaba. Después de ir a parar con cien mil charlatanes, con perseverancia y fe, encontré un doctor que con sólo mirar las mismas radiografías y estudios que muchos otros habían visto y desestimado, me aseveró que en 2 meses me pondría de pie.


Tanto optimismo me desorientó, acostumbrada a luchar contra el diagnóstico. Para ese entonces mi abdomen estaba distendido y mi cuerpo en general estaba flácido. Al primer mes de la nueva rutina, el abdomen obtuvo firmeza. Al segundo mes dejé la silla de ruedas. Al principio no podía caminar ni diez pasos sin que las piernas me temblaran. Claramente los pasos eran dados con la cadera y no precisamente con las piernas, pero poco a poco ha mejorado eso.


La transición de la silla de ruedas a muletas fue muy difícil, al principio me rehusaba, pues a mi entender había perdido independencia y mis traslados eran lentos, cansados y muy pesados.


Yo estaba muy cansada, el dolor en mis brazos y axilas era casi insoportable. Recuerdo una vez que tenía sed, nos encontrábamos en la sala y les pedí a unas amigas un vaso de agua, a lo que una de ellas me respondió: “Yo también estoy cansada, la misma flojera que tienes tú, la tengo yo, no voy a ir por tu vaso de agua, ve a la cocina y sírvetelo y yo con mucho gusto te lo traigo, pero no voy a hacerte todo”.


Eso me ayudó mucho a no compadecerme y a seguir adelante. Por fin entendí que no tenían que hacerme todo, que yo podía sola, claramente me cuesta más hacer las cosas, pero no significa que no pueda hacerlas.



Meses después estábamos hablando de cambiar a bastones canadienses cuando a los pocos días, sufrí un accidente. Me caí y me fisuré la cadera a punto de fractura. Opté por reposar un mes y ver si soldaba en vez de cirugía y se logró, sanó y regresé a mi terapia. Poco después tuve que dejar a ese maravilloso doctor, el señor Héctor Bustillos. La razón fue que ya no podía con los gastos, estaba estudiando la preparatoria en un sistema sabatino y los gastos de la renta, luz, gas y comida entre otras cosas me sobrepasaron. Mi trabajo en los antros no me daba la liquidez de antes, ser RP (Relacionista Público) ya no era lo mismo que en otros tiempos, ya no era exclusivo, ahora cualquiera podía serlo y obviamente el mercado de los clientes se redujo.


La lucha ha sido grande, pero llevadera, los logros que obtengo son mi motivación. Otra de las cosas que perdí con la lesión medular, aparte del control de las vías urinarias fue aparentemente el placer sexual. Al cumplir 21 años retome la inquietud que había postergado y me enfrenté nuevamente con los doctores, pues me decían que me enfocara a mi rehabilitación, y dejara de pensar en el sexo. Cosa que no hice, y fue cuando empezó mi búsqueda del derecho al placer. Lucha que hasta ahora sigo viviendo, con derrotas y victorias, pero siempre aprendiendo de mis errores.


En el 2012 me diagnosticaron escoliosis. Mi cadera estaba desviada y tenía acortamiento en mi pierna derecha. Usaba una plantilla que me ayudaba a no cojear. Mi postura estaba desalineada, pareciera que sacaba las nalgas al caminar. La rodilla derecha se está deformando un poco y cuando hacia ejercicio en el gimnasio especialmente la prensa, me dolía bastante. Sufro de dolores en la ciática los cuales son parte del día a día. Gracias a Dios, encontré un maravilloso entrenador, se llama Javier González Alcázar, estuve 3 años con él.  Me ayudó mucho y es un excelente ser humano, como la mayoría de las personas que me rodean.


Mi accidente fue el 20 de abril del 2005. Estoy a punto de cumplir once años con lesión medular. Ahora domino perfectamente las muletas, puedo caminar distancias relativamente largas para mí. Las escaleras las subo y bajo sin complicación y por supuesto, quiero más. Mis tobillos son el problema, ya que según algunos médicos mi cuerpo no está preparado para caminar.


Uso unas férulas para evitar el dolor que me causa cada paso, debido a que mis tobillos están vencidos, es la parte de mi cuerpo que todavía no domino. La silla sólo la uso en distancias grandes como supermercado, aeropuertos, museos, parques y demás. No me limito a ir a ningún lado, todo lo que quiero hacer, lo hago, busco la manera de seguir haciendo lo que me apetece. Incluyendo eventos masivos, conciertos y festivales de música electrónica, ya que la música siempre ha sido el motor de mi vida.


Mi siguiente meta son los bastones muleta. La fuerza ya la tengo, sólo me falta equilibrio. Mis vías urinarias están prácticamente reeducadas. No me sondeo desde hace más de cuatro años y rara vez tengo fugas por micción. Sufro repetidas infecciones en las vías urinarias ya que al combatirlas regresan más fuertes.


Recientemente me gradué como Licenciada en Periodismo. Estoy en trámites para crear Mándala A.C. una fundación que pretende llevar a las personas de la mano en el proceso de transición y reintegración a la vida después de sufrir una lesión medular. Apoyando y ayudando al ser humano a evitar las autolimitaciones, aceptarse, y desarrollar su máximo potencial. Abarcando aspectos: emocionales, psicológicos, sexuales, físicos y de integración social.


Llevo una vida en movimiento constante, sólo que me cuesta más trabajo hacer todo. No me gusta que me digan que no puedo hacer las cosas y soy muy terca, pero creo que algo de eso me ha ayudado a llegar a donde estoy. No me conformo con las muletas, voy por más y contra todo pronóstico lo he logrado con fe y perseverancia.


Este año me hice un estudio llamado MIELO-TAC. Esto consiste en inyectar un líquido de contraste con un procedimiento muy similar a la raquea, me doblaron la espalda para poder crear un espacio donde me inyectaron entre las vértebras, esto pudo delinear los tejidos óseos y blandos, las raíces en el receso lateral, las dimensiones del canal, los osteofitos, la hipertrofia de ligamentos y los discos herniados. Detectó las cicatrices postquirúrgicas compresivas y el edema de las raíces ya que el líquido colorea por dentro y al hacer la resonancia, se pudo ver el estado real de la médula. Los resultados aparte de no poder acostarme en veinticuatro horas y algo de dolor, fueron sorprendentemente maravillosos. La esquirla que estaba incrustada en la médula desapareció misteriosamente. Ahora se veía una cicatrización que impide el flujo correcto de la médula y eso se solucionaría con una intervención. La tecnología ha avanzado mucho y ahora es posible tratar de solucionar los daños.


El 20 de septiembre del 2013 tuve mi tercera operación. En esta ocasión, conté con el apoyo del ortopedista Juan Luis Torres Méndez y del neurocirujano Philippe Alexandre-Katz Vigerie. Excelentes doctores y extraordinarias personas. Les tengo mucho que agradecer. Esta última intervención fue para quitarme las barras y los tornillos con el afán de descomprimir mi cadera y corregir postura, limpiaron toda el área de la médula, liberaron nervios que estaban atrapados por la cicatrización generada por los años de mala postura y por último, me pusieron células madre.


Todo fue un éxito, hoy estoy en bastones, mi postura está más derecha y los dolores casi han desaparecido. Voy a terapia todos los días para seguir mejorando y recuperando movilidad y sensibilidad. Analie Gutiérrez es mi terapeuta, es otro más de los ángeles que la vida me ha regalado. Me abrió las puertas de su clínica y gracias a eso he conocido a su familia que me quiere, motiva y apoya diariamente.


Gracias a la terapia puedo contarles que el sábado 26 de abril 2014 justo a una semana de haber cumplido nueve años con mi lesión medular, volví a sentir la arena en mis pies.

Estaba en el mar dándole un aplauso a la vida por regalarme momentos maravillosos con gente a la que amo, cuando una ola me sorprendió con esta olvidada sensación del cosquilleo que produce el agua mezclada con arena en mis pies. No pude evitar llorar de felicidad. Hoy más que nunca sé que nunca, voy por el todo.



La tecnología avanza cada día más, ahora me ofrece la oportunidad de superarme. Una cuarta cirugía para poder cambiar a un solo bastón, recuperar sensibilidad y más movimiento. Philippe, el neurocirujano que me intervino la última vez, está planeando el siguiente paso. Ya les contaré.


Te comparto mi historia con la única finalidad de que no te auto límites. Que busques una meta irresistible, si es necesario, el mundo entero. No te rindas hasta llegar a ella. En el proceso, ponte pequeñas metas que te ayuden a darle seguimiento a tu camino, como si fueran ciudades conquistadas. Todo esto para lograr lo que quieres, cuando quieras ¿Por qué? Porque puedes. El camino estará por supuesto, lleno de obstáculos, pero es tu obligación seguir adelante, te lo debes a ti. Complácete.  Nada es fácil en esta vida, o bueno, mínimo lo que realmente vale la pena. Entre más recorras, más te faltará por descubrir y experimentar. Es como el conocimiento, infinito. Sólo disfruta el viaje. Vida sólo hay una, y esta, es tuya. ¿Te atreves a vivirla?

La familia habla

La discapacidad, mi razón de superación

viernes, agosto 17, 2018

Por: Teresa Vara Jurado

Me es difícil plasmar en un corto escrito todo lo que la discapacidad ha representado y cambiado en mi vida, pero creo que hay puntos significativos que pueden ser resaltados y en los que creo es importante enfocarse.


Cuando empezaba este camino o cambio de rumbo en mi vida, como mamá de una bebé con un diagnóstico aterrador, los sentimientos que pasaban por mi mente eran tristeza, miedo, incertidumbre, y por qué no reconocerlo, una terrible depresión.


El camino ha sido largo, lleno de subidas y bajadas; pero casi 11 años después puedo decir que lo que cruza ahora por mi cabeza son principalmente orgullo, aprendizaje y crecimiento personal. Y, aunque sigue persistiendo la incertidumbre, creo que eso con cualquier hijo siempre existirá.



Pienso que la lección más grande aprendida en estos años ha sido el no encasillar a Mary Tere en un diagnóstico, ni en un patrón de niña que pueda ser definida por Wikipedia. Ha sido tomarla en cuenta como una niña cualquiera, con necesidades médicas específicas, no se puede negar, pero también con otras necesidades específicas como ser humano único.


Poner atención a esas necesidades fue realmente el reto. Ella sin hablar ni comunicarse durante muchos años, tuvo la habilidad para a su modo, hacernos notarlas. Mi único mérito fue abrir mi mente y darme el tiempo de “escucharla” y brindarle las herramientas para que pueda desarrollar al máximo su potencial.

Yo hace ya muchos años que dejé de lamentar que su discapacidad le impidiera hacer lo mismo que el resto de los niños de su edad. Ahora entiendo que su condición le permite hacer mucho más incluso que el resto, pero no deja de dolerme que ella a su corta edad y empezando a penas su etapa de adolescente, aún no lo acepte del todo. Que la balanza de lo físico y la independencia, pesen aun más que su mente privilegiada. Como padres es fácil creer que ellos aceptan fácilmente su condición porque así nacieron, pero no es así.



Necesitan también vivir y sentir su propio proceso de duelo y entender que ser diferente no es algo malo, solo diferente; y como cualquier otra persona descubrir su propia identidad.

Inclúyeme avanza

La Evaluación para PcDI y su importancia

viernes, septiembre 07, 2018

Por: Mariana Torres Oaxaca


Todos hemos escuchado alguna vez que las personas con discapacidad intelectual necesitan apoyo para realizar sus actividades, pero alguna vez nos hemos preguntado ¿a qué se refieren con esto?, y más aún, tenemos claro ¿qué es un apoyo?, ¿cómo debemos apoyar? y si ¿debemos darle nuestro apoyo en todo momento?


Para poder entender esto, tendríamos en primer lugar que tener claro que, como se plantea desde el paradigma social, la discapacidad más allá del diagnóstico que se tenga, es creada por la misma sociedad que limita e impide que las personas puedan incluirse, es decir, la discapacidad está presente en el momento en que una persona con limitaciones interactúa con las barreras presentadas por la sociedad,   por lo que el foco de atención no debería ser la condición de vida de las personas con discapacidad, sino las acciones que como sociedad podemos llevar a cabo para lograr disminuir las barreras que impiden el desarrollo pleno de las mismas.


Y ¿cómo disminuimos esas barreras? ¡Creando apoyos!, pero ¿qué son los apoyos? De acuerdo con la  Asociación Americana de Discapacidades Intelectuales y del Desarrollo, AAIDD, (anteriormente denominada Asociación sobre Retraso Mental, AAMR) (2002 / 2004, P.186), los apoyos se definen como “recursos y estrategias cuyo propósito es promover el desarrollo, la educación, los intereses y el bienestar personal que mejoran el funcionamiento individual”, los apoyos pueden ser físicos, verbales, visuales o tecnológicos, es decir, son acciones (dar indicaciones verbales,), objetos (Tablet, fotografías), modificaciones en infraestructura (rampas), etc., que ayudan a mejorar las condiciones del contexto en el que las personas con discapacidad se desenvuelven para volverlos más adecuados.



Una vez que sabemos qué son los apoyos, entonces habría que comenzar a crearlos y aplicarlos, pero para esto es importante saber qué tipo de apoyos vamos a utilizar, cuándo requieren estos apoyos, es decir, qué actividades pueden realizar por sí mismos y en qué actividades necesita apoyo y por cuánto tiempo se le debe dar ese apoyo, es decir, la frecuencia, tiempo y tipo de apoyo.


Para obtener toda esta información de manera precisa, es necesario realizar una evaluación. Viendo esta necesidad, en 2004 un grupo de investigadores (Thompson, Bryant, Campbell, Craig, Hughes, Rotholz, y Wehmeyer) desarrollaron una escala con la que se pudiera determinar la Intensidad de Apoyos para Adultos con discapacidad, y es así como surge el SIS (Support Intensity Scale for Adults), traducido al castellano en 2007 (Verdugo, Arias e Ibáñez). Este instrumento nos permite tener una visión completa y desglosada de las necesidades de apoyo en diferentes ámbitos de su vida diaria, además de funcionar como auxiliar en el


Aunado a esto, una de sus grandes ventajas es que puede ser aplicado nuevamente después del desarrollo del programa, lo que permite tener evidencia del impacto de este, mostrando hasta qué punto las limitaciones funcionales se han reducido y en qué medida han aumentado las habilidades y conductas adaptativas de la persona con discapacidad, lo que repercute directamente en una mejora en su calidad de vida.



Pero ¿quiénes pueden dar esos apoyos? ¡TODOS! Cualquier persona que interactúe de manera directa con una persona con discapacidad puede (y debe) dar los apoyos necesarios para su participación plena. Pongamos un ejemplo:


Digamos que Raquel es una joven de 22 años con discapacidad intelectual. Después de aplicar el SIS, se puede observar que requiere de apoyo constante en el área de higiene y cuidado personal, específicamente para bañarse y peinarse ¿qué tipo de apoyo se le daría? Bien podría pensarse en un inicio que el apoyo debería ser físico, es decir, ayudarla a enjabonarse, secarla, peinarla, etc., pero ¿qué pasaría si en lugar de eso, brindamos apoyos para volverla una mujer independiente? Entonces podríamos pensar en darle apoyos visuales, es decir, darle el proceso de baño y peinado con fotografías que podrían ser pegadas en la regadora y junto al espejo, de esta manera ella sabría que el paso 1 para bañarse es, por ejemplo, asegurarse de tener una toalla a la mano, después templar el agua, posteriormente ponerse jabón en el cabello y enjuagar hasta que deje de salir espuma, etc., y hacerlo de misma manera con el proceso para peinarse, y de esta manera, promover que sea una adulta más independiente.


También podríamos pensar en Jaime, un adulto de 29 años quien además de tener discapacidad intelectual, tiene grandes dificultades de comunicación. Los resultados de su evaluación indican que requiere de grandes apoyos para poder relacionarse con personas y hacer uso de los servicios de su comunidad, como ir al cine o comprar en la tiendita de la esquina. ¿Qué apoyo requeriría? Podría pensarse que hay que acompañarlo a todos lados para poder hablar por él y de esa forma que pueda interactuar en su comunidad, pero ¿qué pasaría si en lugar de eso se le dota de apoyos tecnológicos, como un tablero de comunicación y se le enseña a usarlo para poder pedir en el cine unas palomitas, comprar alimentos en la tiendita de la esquina o relacionarse con sus compañeros de trabajo? Entonces estaríamos promoviendo que Jaime sea un adulto independiente que participa dentro de su comunidad.


Lo anterior quiere decir que los apoyos pueden ser tan complejos o tan sencillos como cada persona lo requiera, lo importante es dar los apoyos que cada uno necesita de acuerdo con sus habilidades, lo que les permitirá tener un desarrollo pleno dentro de su comunidad.


Asociación Americana de Retraso Mental (2004). Retraso Mental. Definición, clasificación y sistemas de apoyo (10° edición). (Traducción de M. A., Verdugo y C. Jenaro). Madrid: Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 2002).


Thompson, J.R., Bryant, B., Campbell, E.M., Craig, E.M., Hughes, C., Rotholz, D.A., Wehmeyer, M. L. (2004).Supports Intensity Scale user’s manual. Washington, DC: American Association on Mental Retardation.

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