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Aprender y seguir aprendiendo

viernes, agosto 14, 2015

Por Alicia Molina

Aprender y seguir aprendiendo a lo largo de la vida es proponernos una vía de enriquecimiento, cambio y crecimiento constantes.

Según la pedagoga Dorothy Rich, existen “megahabilidades” que son básicas en el proceso de aprender. La familias y la escuela son los encargados de aportar a cada niño estos elementos, nutrientes básicos, que le permitirán aprovechar todos los conocimientos y destrezas que logre adquirir. Estas habilidades, que son básicas para todos los niños, son fundamentales si un niño o un joven tiene discapacidad. Las metas a conseguir son nueve:

Confianza, esto es, sentirse capaz de realizar la tarea. Para eso debemos enfrentar al niño o al joven a retos a su medida donde adquieran esa imprescindible sensación de logro. De esta forma tendrán recursos para enfrentar las situaciones en las que no conseguirá el éxito en el primer intento. Cuando un niño tiene discapacidad muchas veces lo primero que aprende es que él no puede. Esto le roba la confianza necesaria para intentarlo.

Motivación: querer hacer la tarea, desear enfrentar el reto que se nos presenta. Esta motivación muchas veces proviene de alguien: un maestro, un compañero, un amigo, que nos muestra el lado interesante de ese desafío y nos contagia su entusiasmo.

Capacidad de esfuerzo: Viene del descubrimiento de que el esfuerzo no es una carga a evitar sino que puede ser en sí mismo agradable y disfrutable. Muchas de las metas que nos fijamos no tienen una recompensa a corto plazo, requieren entonces de un esfuerzo continuado y sistemático y no se pueden lograr si el camino no implica también el goce del proceso. Responsabilidad es aceptar los compromisos y responder por ellos. Un niño se hace responsable cuando crece en un ambiente donde puede contar con los otros y los otros pueden contar con él. A veces en la familia estamos tan preocupados de que el niño con discapacidad tenga nuestro apoyo que nos olvidamos de pedirle que él también ayude a los demás.

La Iniciativa es una buena idea que pasa a la acción. Implica hacerse preguntas y experimentar, imaginar cómo funcionan las cosas y cómo no. Esto puede parecer muy difícil si se trata de una personas con discapacidad intelectual, pero si le mostramos paso a paso cómo y por qué tomamos nuestras iniciativas irá descubriendo el proceso y si además no le imponemos nuestras ideas sino le damos el tiempo y el estímulo que requiere para expresar las suyas, poco a poco será más capaz de tomar iniciativas.

Perseverancia es el hábito de terminar todo lo que iniciamos, implica seguir las cosas hasta el final, poner todas las piezas del rompecabezas juntas. Requiere esfuerzo pero también orden y una visión completa de la tarea que nos hemos propuesto. A veces las personas con discapacidad se desaniman porque les falta esa visión integral. Ofrecerle esa imagen completa es un apoyo que se les puede dar para que logren perseverar hasta el final.

Compromiso con los demás es estar atento a las necesidades y sentimientos de los otros. Es lo que nos permite formar parte de una comunidad. Esta actitud también se puede enseñar: El primer paso para aprender este compromiso es sentir que otros se interesan y preocupan por mí. El segundo paso es mirarlos y estar atento a lo que les importa y les sucede. Trabajar en equipo implica apreciar que lo que cada uno aporta a la tarea es importante, responsabilizarnos de la parte que nos toca y ayudar a crear un clima en el que todos puedan aportar sin temor a la crítica o al rechazo.

Sentido común es poner en común el sentido de las cosas a través del diálogo. Es platicar mucho sobre por qué hacemos lo que hacemos, para formar y compartir criterios. La persona con discapacidad intelectual no llega al sentido común por mera intuición sino por un proceso de comunicación constante con los que forman su entorno más cercano.

La solución de problemas requiere ser capaz de plantearlos y evaluar nuestros recursos para resolverlo y los recursos de quienes nos pueden ofrecer ayuda. Se necesita aprender a razonar las situaciones y a plantear alternativas. En la familia y en la escuela cotidianamente encontramos muchas oportunidades de imaginar situaciones problemáticas y preguntarnos ¿Y tú qué harías?, para platicar sobre lo que a cada uno se le ocurre para resolverlo. Ese es un buen ejercicio para enseñarle a solucionar problemas.

Si logramos, en la familia, en la escuela, en el trabajo, hacer un equipo para solucionar los problemas usando el sentido común, comprometidos unos con otros, valorando juntos las iniciativas, con esfuerzo y perseverancia, asumiendo las tareas con responsabilidad, motivación y confianza, creceremos juntos.



Referencias

Dorothy Rich. Megahabilidades.
www. elorienta.com/chapatal/enlaces/MEGAHABILIDADES.pdf

Mel Ainscow. Índice de inclusión
www. educacionespecial.sep.gob.mx/pdf/índice_de_inclusion.pdf

Con voz propia

Hacer una escuela incluyente

viernes, agosto 21, 2015

Testimonio de Adriana Pérez Carreón.

He tenido la fortuna de colaborar durante 18 años en procesos de inclusión educativa: como maestra frente a grupo en preescolar incluyendo niños con discapacidad; como maestra de apoyo en primaria integrada al equipo de una Unidad de Servicios y Apoyo a la Educación Regular (USAER); como iniciadora de un programa de inclusión a nivel preescolar, primaria y secundaria en escuela bicultural y escuela Montessori. Actualmente coordino tres grupos de alumnos con discapacidad que están inmersos en una escuela regular, desde preescolar hasta preparatoria.

Por lo tanto la pregunta ¿Cómo convertir una escuela regular en una escuela incluyente? es parte de mi quehacer cotidiano y quiero compartirles algunas de mis inquietudes y aprendizajes al respecto.

La primera experiencia de lo que es la inclusión educativa la tuve siendo maestra de 3o. año de preescolar, donde una de mis alumnas tenía espina bífida y no podía caminar. Ella se movilizaba en una carriola con mi ayuda o sentada en el piso con el apoyo de sus manos. El día de la posada navideña a mí se me hizo de lo más natural tomarla en brazos para que le pegara a la piñata, en eso estaba cuando me dice muy seria: “no maestra, no me cargues, mejor bájame la piñata”

Fue una sacudida a mis esquemas normalizadores, una lección de respeto y de búsqueda de inclusión. A partir de esta experiencia veo la inclusión como ese cúmulo de pequeños cambios que todos los días requerimos hacer todos los actores involucrados en una escuela, para “bajar” la piñata del aprendizaje integral a nuestros alumnos, así como ellos son, sin querer normalizarlos y al mismo tiempo ofrecerles, por derecho, el ambiente más normal posible de acuerdo a su etapa de vida.

Estos cambios requieren darse en tres pistas paralelas que, de acuerdo al “Índice de Inclusión” como nos explicaba su autor, Tony Booth, en un taller, empiezan en el cambio de pensamientos, de percepciones, que alimentan las actitudes y las acciones. La primera pista es crear una cultura de inclusión en la escuela. La segunda es determinar políticas incluyentes en la escuela y la tercera es implementar prácticas inclusivas. Cada una de estas pistas son como los tres partes del cabello que tejen una trenza, que se van cruzando, complementando, afianzando unos a otros.

1. Crear una cultura incluyente.

Aquí juegan un papel determinante las autoridades educativas. La inclusión tiene que ser una parte fundamental de la identidad de la institución educativa, con el compromiso que ello implica por parte de la dirección, los docentes, el personal administrativo y de intendencia que va permeando en todos los actores de la escuela, que va modelando, más con el ejemplo que con la palabra, quiénes somos y cómo incluimos a todos los alumnos de esa comunidad. Aquí no se trata de hacer “una experiencia, a ver cómo nos va,” ni de hacer un favor a una familia. Crear una cultura incluyente implica el compromiso de trabajar con la pedagogía del respeto a la diversidad de todos los alumnos. El foco no está en la discapacidad de los alumnos a incluir, sino en las fortalezas y retos que tienen todos los alumnos en un grupo y en las fortalezas que implica aprender con otros. Hay estudios que muestran que la diversidad es una riqueza en un salón de clases, claro, la diversidad en una cultura educativa incluyente donde se trabaja con la unicidad de los alumnos y los valores formativos que ello implica. Un ejemplo de fomentar esta cultura incluyente sería celebrar la diversidad el día internacional de las personas con discapacidad, así como una riqueza, con ejemplos concretos, no como un problema a resolver, como un alumno a normalizar.



2. Determinar políticas incluyentes.

En todas las escuelas hay políticas explícitas para la contratación de personal y para la prestación de servicios educativos. También hay políticas implícitas en el modelo educativo que ofrece la escuela, en la forma de planear de los maestros, las metodologías que se utilizan, las formas de evaluar a los alumnos, a los docentes, entre otras. En una escuela incluyente, si se ha tomado esta opción, se requiere una revisión honesta de todas ellas para ir cambiando de la exclusión a la inclusión. Determinar las barreras arquitectónicas y modificarlas es una buena política para incluir a personas que usan silla de ruedas, sin embargo no sirven si no se pueden establecer políticas de trabajo colaborativo entre maestros de grupo regular y maestros especialistas o de apoyo. Por ejemplo, si las planeaciones grupales del mes en curso se las queda el maestro de grupo y las comparte al maestro de apoyo cuando ya se terminó el mes. O bien, si en las políticas de planeación institucional no se toman en cuenta la capacitación y la sensibilización para dar atención a grupos heterogéneos, difícilmente se darán cambios perdurables hacia la inclusión.



3. Implementar prácticas incluyentes.

Muchos cambios vienen de abajo hacia arriba en la escuela, es decir, los promueve un maestro con un alumno en un grupo que luego lo comparte a otros colegas, p.ej. un cambio en la metodología de la lectura y escritura, una maestra se abre a trabajar con un nuevo método, o un nuevo material y da resultados, entonces lo comparte, contagia el entusiasmo y va subiendo hasta oídos del director y con ello se puede incidir en un cambio en las políticas y se abona en la cultura de la inclusión, del respeto a la diversidad centrado en el contexto no en el niño. Otras veces estas prácticas vienen de los padres, que buscan, investigan, se preparan y capacitan al maestro de su hijo abriendo el panorama hacia nuevas formas de aprender, de relacionarse, de encontrar la manera de avanzar. Afortunadamente hay muchos padres que luchan, que buscan, y muchos maestros que también lo hacen.



Desafortunadamente muchas de estas prácticas se quedan a nivel de experiencias, no de políticas pues no se sistematizan, no se evalúan, no se generalizan.



Para avanzar y transformar una institución educativa de la exclusión a la inclusión, requerimos trabajar en la sensibilización, la capacitación, la comunicación asertiva, el compartir lo que sí hacemos bien, valorarnos, romper miedos y dejar de ver la diferencia como amenaza. El cambio comienza en el interior de cada uno, pues todos necesitamos de todos.



REFERENCIAS Y PALABRAS CLAVE:

Índice para la inclusión
http://www.educacionespecial.sep.gob.mx/pdf/doctos/3Internacionales/8Indice_de_Inclusion.pdf

La familia habla

“Padre Soltero, Discapacidad e Inclusión”.

viernes, agosto 28, 2015

Testimonio de Rafael Hernández Cuellar

Sintetizado por Tere Miguel

Rafael Hernández Cuéllar, del Estado de Nuevo León, ganó el 9º Concurso Nacional de Experiencias Exitosas de Integración Escolar en la categoría Padres de Familia. Rafael es padre de Alan quien tiene síndrome de Down. Esta es una síntesis de su testimonio.

A lo largo de mi vida nunca pensé que las condiciones de padre soltero, discapacidad e inclusión, se cruzarían en mi camino, pero inesperadamente me vi envuelto en esta situación desde hace poco más de 5 años.

A través del tiempo he aprendido que estos no son temas frecuentes de conversación. Te embarga un miedo a lo desconocido y a lo nuevo, tienes que aprender sobre la marcha y ganarle tiempo al tiempo. Por más duros que sean de afrontar, cada uno de estos retos te va dejando grandes satisfacciones y te demuestra que puedes lograr cosas que ni tú mismo sabías que tenías el talento para realizar.

La Inclusión Educativa, es un tema de vital relevancia que provoca miedo pero también te da la esperanza de que tu hijo puede avanzar académicamente.

Alan estudió en un jardín de niños cercano a nuestro domicilio donde aceptaron llevar a cabo la integración escolar. Inicialmente el plantel no tenía experiencia en Inclusión Educativa pero sí tenía la actitud para apoyar a Alan y la disposición de hacer equipo con nosotros como familia, para entre todos potenciar su aprendizaje.

Estos 3 años fueron relativamente tranquilos, ya que Alan estaba creciendo y aprendiendo a la par de sus compañeros de grupo pero después vino la incertidumbre… ¿qué haríamos después de que Alan terminara su etapa en preescolar?

En noviembre de 2012, iniciaban las preinscripciones en Nuevo León, y mi preocupación era encontrar una escuela primaria donde lo aceptaran. Era prioritario que fuera una institución pública cercana a mi trabajo, puesto que tenía que cuidar los tiempos y distancias para poder combinar mi trabajo y la misión de lograr que Alan desarrollara todo su potencial.

Alan cuenta con su abuelita, una persona mayor quien es un gran apoyo, pero la responsabilidad total en todo lo relacionado con él, sigue siendo mía. Por lo tanto debía pensarlo muy bien y me informé eligiendo la Escuela Primaria “Raúl Caballero Escamilla” aquí en la Colonia Fidel Velázquez, al poniente de la Ciudad de Monterrey, N.L.

No sé si fue un milagro, suerte o las bendiciones que la vida aún nos tiene reservadas. Me encontré con una escuela donde desde el momento que entras al plantel se siente el ambiente de tranquilidad y educación de los niños. Mientras platicaba con los directivos, varios niños saludaron a Alan y me solicitaron permiso para llevárselo a jugar. Desde ese momento me percaté del enorme trabajo logrado en la institución en cuanto a igualdad y respeto hacia los demás.

Su director está comprometido al 200% con la educación e integración de los niños y es agradable ver como todo su personal está en el mismo canal en cuanto a estos ideales. Cuenta con el servicio de apoyo escolar de la USAER LVII (Unidad de Servicios de Apoyo a la Educación Regular) a cargo de una maestra de apoyo quien no solo apoya a los niños que tienen alguna discapacidad sino a todos los niños que requieren de sus servicios.

Con el tiempo comprobé que esta escuela fue excelente en la inclusión de Alan, ya que formamos un gran equipo de apoyo integrado por un psicólogo, un maestro de comunicación, la trabajadora social, y yo. No nos han dejado solos, ni a Alan ni a mí, en el proceso de integración de mi hijo.

Es maravilloso ver cómo todos los alumnos del plantel lo tratan con una gran naturalidad y lo cuidan como a cualquiera de sus compañeros; Alan hace con gusto sus tareas y adecuaciones y aprende muy rápido. Desde el primer día de clase se adaptó al horario completo, y esto ha sido posible porque está contento ahí, con sus maestros y compañeros. Llegar a la inclusión implica múltiples acciones para lograrla, y el conjunto de todas las estrategias favorecen los buenos resultados.

Las estrategias que se realizaron fueron las siguientes:

  • • Pedir referencias de la escuela.
  • • Hablar con la sub-directora y maestra de apoyo solicitando el servicio, analizando su capacidad de respuesta y honestidad sobre alcances del servicio.
  • • Seguir con los apoyos complementarios con Alan, de clases de apoyo, lenguaje y taller de habilidades sociales.
  • • Participación activa en grupos y capacitaciones a padres en Fundación Proyecto Down, pues considero que el compartir estrategias con otros papás en la misma situación, ayuda en el proceso de encaminar ese amor a tu hijo en acciones positivas que lo hagan crecer.
  • • Comunicación constante a los docentes de la escuela, respetando su función y apoyando como padre de familia.


En el período de acompañamiento y transición en la nueva escuela, se hizo una labor de inclusión gradual, donde la maestra de apoyo acompañó a la maestra de grupo y a Alan, manejando a modo de un cuento a los niños la inclusión de un alumno con Síndrome de Down en el aula, no como un angelito ni mucho menos, sino como un niño como cualquiera que acude a la escuela como todos para aprender y convivir con los demás.

Escribí y entregué una carta dirigida a los padres de familia donde describí a Alan como un niño que juega con amigos, usa la tablet, disfruta las uvas, le gusta salir, adora ir a comer pollo frito, como cualquier otro de su edad, antes de la etiqueta “con Síndrome de Down”. Con esto logré despertar la empatía de los otros papás.

Trabajo en conjunto con su maestra apoyando en las adecuaciones que Alan requiera, desde adaptar con velcro el pantalón del uniforme; conseguir un banquito para que alcance el lavamanos; un vaso con tapa segura para beber líquidos, enviar notas sobre cómo Alan respondió en casa a la tarea solicitada, plan de trabajo, etc.

Sé que el camino en primaria empieza y muchos retos vendrán, pero también sé que implica un compromiso real y sostenido de todos. Lo importante es que atrás de Alan hay un equipo, y el trabajo conjunto entre escuela, USAER, especialistas, familia y el mismo Alan, será posible, ya que todos compartimos la misma meta: incidir en que Alan aprenda y potencie sus capacidades en una escuela inclusiva donde sea feliz y en donde cada alumno, maestro, padre de familia aprendamos a ser mejores personas para afrontar la vida.

Mensaje a los padres de familia:

“Tenemos que educar a nuestros hijos en la casa, desde el interior de la familia tanto a los alumnos regulares como a los que tienen discapacidad. Es imposible pretender que le toca a la escuela el enseñarles y educarles. Los logros de Alan, han sido el producto de un trabajo de varios años atrás, preparándolo para que los maestros hagan su labor que es “Enseñar””. Mensaje a los padres con hijos con alguna discapacidad:

“Tienen que aprender a vivir y a ser felices, a aceptar la situación en que se encuentren, luchando, siempre luchando, dejando que su hijo aprenda a su ritmo, más nunca dejar de intentarlo”.

Inclúyeme avanza

Fundación Inclúyeme y el Autismo en México. De la Propuesta a la acción

viernes, agosto 07, 2015

Por Eduardo Díaz Tenopala

Las condiciones del espectro autista se caracterizan por presentar peculiaridades en las áreas de comunicación, socialización, uso de los objetos, procesos de pensamiento e integración sensorial.

Tener autismo o Síndrome de Asperger, que es una de las condiciones del espectro autista, no determina un funcionamiento deficiente de las personas que los presentan, determinan un proceso diferente de relacionarse con el mundo que nos rodea.

En nuestro país no se tienen cifras confiables sobre cuántas personas con alguna Condición del Espectro Autista existen, sin embargo se sabe que es una población importante que requiere de espacios informativos, educativos, recreativos, ocupacionales y laborales acordes a sus necesidades.

Desde su creación en el año de 2008, la Fundación Inclúyeme se trazó el objetivo de sensibilizar a la población general sobre las condiciones del espectro autista y brindar apoyo a las familias de estas personas en el campo del diagnóstico y de la implementación de becas escolares para que sus hijos recibieran la educación especializada necesaria para desarrollar sus habilidades.

En Inclúyeme tenemos 3 programas dirigidos a niños y jóvenes con autismo:

-Apoyo al Autismo en donde hacemos, junto con Enlace Autismo, detección y diagnóstico. Asimismo, canalizamos aproximadamente 40 becas anuales para niños con autismo en cinco centros de atención especializada con los que tenemos convenio.

-Vida Independiente en donde contamos con 14 instituciones aliadas para la parte de inclusión laboral en donde hemos apoyado la colocación de 7 jóvenes y adultos con Asperger, y hacemos el programa de vida en departamento, apoyo a familias, entre otros.

- A la Medida, un programa en conjunto con empresas en la que tanto la empresa como sus colaboradores otorgan fondos para que podamos dar becas a niños, jóvenes y adultos con discapacidad intelectual en cualquier programa para el desarrollo de habilidades y mejora de su calidad de vida.

Se han llevado a cabo desde entonces jornadas de diagnóstico, canalización y seguimiento en varias ciudades de la República Mexicana. De la misma manera se han organizado eventos locales para sensibilizar a la población en general, informar a los padres de familia y capacitar a profesionales y maestros en la atención e inclusión de las personas con alguna condición del espectro autista.

Por otro lado y en coordinación con Coconéh Autismo y Enlace Autismo AC, hemos participado en la organización de dos Encuentros Internacionales llevados a cabo en la Ciudad de México y en San José del Cabo, BCS, con la presencia de ponentes de renombre mundial y con más de 700 participantes. La presencia de la Fundación a través de apoyos y patrocinios permitió que ambos Encuentros pudieran ser accesibles a toda la población otorgando becas de participación para aquellas familias que no contaban con los recursos suficientes para asistir.

Lo que nació como una propuesta, se ha vuelto un referente importante para operar programas y eventos que buscan crear una sociedad más sensible y comprometida con las familias y las personas que presentan alguna condición del espectro autista. Falta mucho por hacer pero se han dado grandes pasos.

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